Existen sucesos en nuestra vida magiquera que dejan una marca imborrable en la memoria. Sea el primer mazo que armamos para jugar con un amigo, el primer top 8 que hicimos en un torneo o esa victoria que robamos a la fortuna por una serie de jugadas impensables. Lamentablemente, no solo se recuerdan los días de vino y rosas...
Fue en el año 2002. Mi primer torneo standard en el shopping caballito, la Meca del magic porteño en su momento. Finalmente había armado mi primer mazo “competitivo”, un UW control que ganaba deckeando al oponente con Millstones mientras lo atacaba con un Angel Cegador para inhabilitarle su fase de ataque (gracias Master de los Juegos por enseñarme el concepto de “Metagame”!Nota del Editor -Alejo-: DE NADA! :-P) y estaba listo para sacarlo a jugar en las ligas mayores. En la primera ronda, con todos los nervios que conlleva para un principiante verse sentado en las filas eternas de jugadores bajo la misma misión y en el climax del tercer juego de un ajustadísimo mirror match ocurre lo impensado, la peor pesadilla de un adolescente coleccionista.

 

Mi hermano, completamente fuera de sí, irrumpe detrás mío para exclamar dramáticamente que le habían robado su mazo rojo de daño directo, reliquia que había ido manufacturando con el tiempo e incluía cartas como Fork y otras bellezas de la vieja época. Al parecer estaba intercambiando carpetas con dos personas mientras su mochila abierta reposaba entre sus piernas, invitando a un nefasto oportunista a hacerse de su mazo. Un nudo gigante se formaba en mi estomago mientras sentía mi pecho oprimiéndose entre el desconsuelo de mi hermano a mis espaldas y mi oponente mirándome atónito enfrente. Quedaban pocos minutos del partido y para serles honesto, no recuerdo si lo perdí porque concedí en ese momento o me ganaron en buena ley. Lo que sí puedo recordar a la perfección fue lo mal que la estaba pasando, mientras mis pensamientos se alejaban del estado de mesa del partido y constantemente giraba para ver cómo se encontraba Santiago.

Naturalmente, una vez que pasamos por las etapas del dolor (la búsqueda desesperada por encontrar las cartas, la realización de que no iba a ser tan fácil, la aceptación que Santiago se encontraba acéfalo de su mazo favorito, los intentos de consolar a un hermano y el invaluable apoyo de los conocidos que teníamos en el local, quienes nos intentaron ayudar en la búsqueda y nos dieron palabras de aliento en el momento) nos fuimos del recinto con una lección marcada a fuego. Parte de nuestra inocencia a la hora de manejar nuestro arsenal de cartas en un evento público cambió y en buena medida. Aprendimos la importancia de cuidar nuestros efectos personales: Nunca más una mochila abierta entre las piernas e intentar no verse inmerso en el néctar de un mar de carpetas pasando de mano en mano fueron nuestros mantras y así fue que afortunadamente nunca más tuvimos que pasar por una situación similar.

Me gustaría pretender que este relato es un momento vivido por una minoría en el ambiente, pero lamentablemente el hurto de cartas/mazos/carpetas es un hecho más común de lo que me gustaría pensar. Lo que algunos ignoran es que esto no ocurre principalmente en Argentina, sino que es una desgracia global.
 
Grand Prix Baltimore y el “caso Parnell”

Pensé que al haberme devorado de principio a fin las 6 temporadas de The Wire (sé que este no es un espacio para promover el séptimo arte, pero créanme: lo vale) estaba bastante internalizado en los peligros y peripecias que rodean a la ciudad de Baltimore. Sucede que a veces la realidad da una estocada que supera la ficción. 

En el Grand Prix celebrado en la ciudad el año pasado, sucedió un evento que sacudió a la comunidad magiquera norteamericana: Al parecer, un círculo de ladrones de guante blanco azotó el evento, desarmando a muchas personas de su carpeta y colecciones de cartas preciosas. Las casualidades incluyeron irrupciones en autos estacionados fuera del lugar donde se celebraba (robando cuanta carpeta/mochila vieran adentro de los mismos) y robos de mazos de cualquiera lo suficientemente descuidado para no notarlo.

Entre los damnificados se encontraba Justin Parnell, ávido promotor del formato en suelo Norteamericano, quien se encontraba en el evento con su famoso cubo (casi) enteramente foil para organizar unas partidas con amigos/personas que quisieran probar un poco de que se trataba esto del draft de cubo. El mismo se encargó de hacer una carta abierta dirigida a la comunidad –y especialmente a los autores de la fechoría- . El texto ilustra no solo la privación de su colección y efectos personales, sino las emociones encontradas que le ocurren a un jugador que le dedicó tanto tiempo a promover el formato, poniendo no solo su tiempo sino su colección a merced de los jugadores que quisieran pasar un buen rato.

En lo personal, esta carta encarna uno de mis mayores temores como propietario de un cubo y una lucha interna que se presenta cada vez que pensamos con Santiago sobre utilizar el cubo en eventos públicos de Magic o en locales para jugar con parroquianos magiqueros. Históricamente jugamos siempre en casa propia o de amigos, donde la naturaleza del evento dista de ser algo estresante sino todo lo contrario. El dilema surge cuando se cruza la intención de compartir el formato con terceros y poder jugarlo con otras personas que conocemos y apreciamos de la comunidad contra el factor de riesgo que significa la posibilidad de que se extravíe una carta o desaparezca parte de la colección.

El problema tiene doble cara: no se trata únicamente del aspecto nominal de las cartas y su crecimiento con el paso del tiempo, sino de la naturaleza misma del cubo. Estamos hablando de un set de casi 500 cartas con un valor promedio demasiado alto y no solo desde el aspecto monetario, sino que nostálgico como su naturaleza de colección: En el cubo se mezclan cartas donadas por amigos, duals que costó tiempo y esfuerzo conseguir y cartas firmadas en GPs y Pro Tours.
Tampoco se trata simplemente de “un mazo”: En un evento de cubo, estan 8 personas (o más) drafteando pilones armados de cartas al unísono, luego el proceso del armado de mazos donde se tiene que manejar el excedente de lo drafteado (tanto cartas que no entran al maindeck pero cada jugador quiere tener cerca como Sideboard como cartas que pickearon en el draft pero no van a utilizar, guardándose con el resto de las cartas que no se utilizaron en el draft). Imagínense que, cuando jugamos con amigos de toda la vida en sus casas ha ocurrido situaciones como un colgado llevándose en su bolsillo unas cartas que tenía como Sideboard de su mazo y se olvidó de devolver cuando termino la reunión, la idea de realizarlo con desconocidos cuyo paradero post torneo puede ser tan desconocido como la locación de la baticueva (la de Batman, no el local de Capital Federal!) no es muy tentadora desde el aspecto logístico.

Eventualmente, las ganas de compartir el formato que tanto amamos con conocidos por medio del juego que nos rogaban poder jugar al cubo pudieron más que los temores iniciales y hemos organizado un par de juntadas en locales con jugadores conocidos del ambiente pero nuevos al formato. En estas ocasiones, igualmente se realizó con un cierto halo de reserva y secrecía cual concilio papal, siendo únicamente los invitados quienes se enteraban del horario y lugar del encuentro y manteniéndolo un evento semi-privado, lo cual le quita toda misión de difusión al formato.

Créanme que la idea de jugar al cubo como un evento paralelo de un torneo importante es algo que nunca dejó de rondarme la cabeza, pero lamentablemente aún no hemos encontrado la forma de realizarlo sin sentirnos 100% seguros de que todo salga bien. Estoy confiado de que el draft de cubo es un formato puramente adictivo y atractivo para todo tipo de jugador de Magic, desde el mas casual al más competitivo y no abandoné la idea de que vea la luz en algún evento, para que personas que nunca pudieron jugarlo o experimentar que se siente un primer pick de cubo puedan hacerlo. Puede que no sea con mis propias cartas, pero tarde o temprano una solución puede aflorar.

Será entonces en el próximo artículo donde intentaré indagar tanto en las formas que tiene cualquier persona que quiera acercarse al formato para deleitarse con un draft de cubo como en las posibilidades reales de que se organicen eventos de cubos abiertos para todo aquel interesado en un local o torneo importante en Argentina. 
 
Los despido invitándolos, ahora más que nunca, a que acerquen sus comentarios, consultas  y/o sugerencias sobre el tópico y agradeciéndoles que hayan leído hasta el final






 
 
- Dilema moral: Querer compartir un juego que amas VS miedo a que te choreen una carta o se te vaya todo de las manos - Debate: existe una forma segura de organizar un cubo en un local...más aun, un open/PTQ? 

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