Kabuto"Toda acción tiene una reacción igual y opuesta". Esta frase, mas allá de su lógica aplicada a la física, no es más que la pura verdad en muchos más aspectos de los que se cree.

Hoy por hoy jugar Magic es un lujo, lujo que absorbemos a gusto y que transformamos en parte de nuestro ser habitual. Hablamos Magic, sentimos Magic, algunos hasta comen Magic.


Pero ¿Qué consecuencias trae aparejado jugar Magic como energúmenos? Si bien existen varios matices de jugadores, y dependiendo de este matiz se verá lo vulnerable que somos a estas consecuencias, todos los que decidimos impregnarnos de ellos somos víctimas.

A continuación pretendo enumerar confusa y retorcidamente algunas de estas. Por supuesto soy un ser falible, por lo tanto si a alguno de ustedes les viene a la mente alguna que yo pase por alto los invito a que la compartan con nosotros en el foro de TMT.


El dinero.

Clásico, miles de veces hemos escuchado y padecido (algunos no, malditos suertudos) el famoso “bolsillos vacíos”, y con esto me refiero a que si compras esa cuarta Figure of Destiny tu dieta se va a volver monotemática... y cuando digo mono me refiero a arroz. Poco a poco el vicio mella nuestro presupuesto. Es probable que muchos no lo interpreten así, pero pensando el mismo hecho desde otra perspectiva, se puede suponer que aquello que se gasta en Magic se podría haber gastar en otra cosa. Así que en cierta forma, y pese a las riquezas que tenga cada uno, el vicio no deja de ser un come billetes. Pero como al fin y al cabo “sarna con gusto no pica” esta consecuencia es de las menos importantes; hasta cierto punto, por supuesto.

Compramos cientos de cartas que creímos usar y que terminaron en esa caja bajo la cama, cartas huérfanas que no volveremos a mirar. Honestamente creo que sí se les puede dar un uso, así sea en manualidades didácticas o haciendo divertidos Drafts pobres. Todos tenemos esta caja y nunca desaparecerá, a veces es bueno dale un vistazo “a ver qué onda”.

Pero bueno, el vicio es el vicio, y el arrepentimiento es pasajero.

Otro grupo de amigos.

Magic no va a hacer que tengas menos amigos, pero si nuevos. Inevitablemente, como es imposible que un día dure más de 24 horas, postergaras a los que no juegan Magic. “Che Kabu -en realidad diría mi nombre real-, este sábado querés venir al cine, vamos todos los ex compañeros del secundario”. Respuesta: "no puedo, voy a jugar el prerelease de Zendikar”.

Y así, dependiendo de que tan fuerte nos pegue, vamos desplazando ese antiguo yo y vamos construyendo este nuevo yo. Ese nuevo ser que testea, compra cartones pintados y se entusiasma por abrir un sobrecito de plástico brillante.

Algunos podremos conservar a esos amigos entrañables, pero definitivamente cuando le contemos que dropeamos porque fuimos con un TEPS sin testear lo mínimo nos miraran con cara de WTF? (trad. Abreviatura de “¿Qué carajo?” en ingles).

Esto nos lleva inevitablemente al siguiente punto.

Ahora eres un bicho raro.

Al sumergirnos en un mundo tan sectario (por llamarlo de alguna manera), empaparnos y ser parte de él, es inevitable absorber y aprender cientos de datos, criterios, expresiones y formas que no desarrollábamos antes. Ojo, no estoy diciendo que cuando encarás la cocina de tu casa pensás “prendo la hornalla y le cedo prioridad, como no juega nada puedo poner la pava” sino que cualquier comentario con una referencia semi-directa al Magic te puede reducir a la condición de freak frente a los demás mortales.

En una entrevista de trabajo quería hacer relucir de alguna forma mi inclinación por el Magic así que puse al tope mi capacidad creativa y empecé a chamullar sobre que jugaba un juego de estrategia con cartas y que escribía para una web y que estaba estudiando ingles para poder ser juez, etc., etc., etc. Así planteado suena normalito, pero si hubiera empezado a hablar del Magic con los términos que se usan habitualmente nadie en aquel salón hubiera entendido.

Y son estos términos y nuevas formas de expresarse, que tal vez sean parte de nuestro lenguaje habitual fuera del contexto magiquero, los que hacen que nos veamos raro.

La consecuencia es la pérdida de la “normalidad”, normalidad que se pierde si o si cuando se asume algo con pasión. Pero bueno, si nos ponemos a discutir sobre normalidad estamos fritos.

“Perder” los sábados de aquí a la eternidad.

Si bien esto es relativo, rememoro una conversación que tuve con un colega que ante la pregunta “¿Qué harías si tuvieras el pene realmente pequeño?” respondió “Jugaría Magic tres veces por semana”. La plebe magiquera suele confluir los tres días de pseudolibertad que nos brinda esta sociedad, viernes, sábado y domingo. Simple, los sábados hay que ir si o si, porque va todo el mundo. Sujeto a las subjetividades e impredecibles de la vida los sábados se vuelven del Magic y de la negación de toda otra actividad posible, ni fulbito, ni cine, ni play con los amigos, ni nada.

Perdiste el día para ganar otro, y si no te sentiste identificado cambia la palabra sábado por el día que vas a jugar y listo.

¿Qué seria de mi vida si no jugara Magic?

Y acá cayendo un poco en una obviedad, o mejor dicho un razonamiento simplón, digo que la más cruel de las consecuencias del Magic descansa solo en nuestra imaginación. De cómo seria nuestra vida sin el juego y a que avocaríamos nuestras energías, eso lo perdiste, mejor dicho, lo perdimos.

Por supuesto que todas estas conclusiones y pérdidas no son universales y dictan solo mi perspectiva, algunos tendrán algunas, otros otras, otros ninguna (aunque lo dudo), otros algunas que están fuera de mi percepción, o lo que fuere.

Pero como señala el primer párrafo, toda acción tiene una reacción igual y opuesta, no entendiendo opuesto como malo si lo que perdiste fue bueno, sino en un sentido de oposición, de remplazo y si al fin y al cabo ese remplazo es lo que uno desea consiente o inconscientemente, bienvenido sea.